En la industria mundial de productos frescos, garantizar la seguridad microbiológica de las frutas se ha vuelto fundamental. Durante la cosecha, el transporte y el almacenamiento, las frutas se contaminan fácilmente con bacterias, hongos y virus, lo que puede provocar su deterioro, una menor vida útil y posibles riesgos para la seguridad alimentaria. Los métodos de lavado tradicionales con agua corriente son insuficientes para eliminar eficazmente los patógenos.